Las dificultades financieras del Barcelona están ampliamente documentadas. Durante los últimos años bajo la presidencia de Josep Maria Bartomeu, el club gastó de manera imprudente y descuidó la gestión financiera, lo que ha provocado graves repercusiones en el presente reciente. El Barça se ha visto obligado a vender varios activos en un intento por estabilizar su situación económica.
Actualmente, el club se encuentra ahogado bajo una deuda de 1.450 millones de euros. Esta crisis comenzó tras la ganancia inesperada de 222 millones de euros por el traspaso de Neymar al Paris Saint-Germain en 2017, seguida de una caída drástica de ingresos por la pandemia de Covid-19 y los crecientes costos del proyecto de remodelación Espai Barça, valorado en 1.500 millones de euros. En lugar de estabilizar sus finanzas tras la salida de Neymar, el Barcelona continuó realizando compras lujosas, acumulando 960,3 millones de euros en fichajes durante tres años, con un gasto neto de 399 millones de euros.
Los costos de la plantilla también se dispararon: salarios y amortizaciones pasaron de 367,4 millones de euros a 593,9 millones, consumiendo un 81% de los ingresos del club en la temporada 2017-18, según datos de The Athletic. El contrato de Lionel Messi firmado en 2017, valorado en 555,2 millones de euros a lo largo de cuatro años y finalmente costando alrededor de 515 millones, añadió aún más presión a las finanzas.
Los ingresos por partidos cayeron de 174,9 millones de euros a solo 23,7 millones durante la pandemia, generando 389 millones en salarios diferidos. Al final de la temporada 2020-21, el club registró pérdidas récord de 555,4 millones de euros, lo que llevó al presidente Joan Laporta a tomar medidas drásticas. Activó diversas “palancas financieras”, como la venta del 25% de los derechos de TV de La Liga por 667,5 millones y del 49% de Barca Studios por 200 millones, aunque esta última transacción perdió valor con el tiempo, registrando apenas 20 millones realizados.
Para cubrir pérdidas a corto plazo, el Barcelona también reconoció 71,6 millones de la venta de 100 millones de euros en asientos VIP del Camp Nou, mientras que el presupuesto de Espai Barça se infló de 600 millones a 1.500 millones, con un gasto real ya alcanzando 975 millones y menores ingresos debido al traslado temporal al Estadi Olímpic Lluís Companys. La deuda se disparó, incluyendo 595 millones de euros con Goldman Sachs, con pagos anuales de 30 millones, un pago único de 265,7 millones para 2031-32 y 907,7 millones vinculados al proyecto del estadio, consolidando al Barcelona como el club más endeudado del fútbol.