La ausencia de Araújo no respondió a una lesión física, sino a un desgaste emocional profundo. Tras un error de alto impacto y una expulsión frente al Chelsea en la Liga de Campeones —episodio que desató una dura reacción tanto de la afición como de los medios—, el defensor habría comenzado a padecer ansiedad y ataques de pánico. Consciente de que no se encontraba en condiciones de rendir, solicitó permiso para priorizar su salud mental, una petición que el club atendió de inmediato.
En busca de calma, el zaguero uruguayo emprendió un viaje espiritual a Israel. Durante la última semana recorrió lugares sagrados en Jerusalén y Tel Aviv, utilizando la peregrinación como un espacio de reflexión personal para reencontrar el equilibrio emocional que había perdido.
Según los reportes, la experiencia tuvo el efecto esperado. Araújo regresó sintiéndose “progresivamente mejor” y mentalmente más fuerte, convencido de que está listo para volver a afrontar las exigencias del fútbol de élite.