A continuación, la conversación derivó hacia el caso Negreira, la investigación sobre los pagos realizados por el Barcelona a un antiguo árbitro que ha acaparado los titulares en España. Laporta se apresuró a desestimar cualquier insinuación de que las acusaciones pudieran dañar de forma permanente la reputación del club, y en su lugar señaló a fuerzas externas de la capital española como responsables de avivar el fuego.
«No, se trata más bien de una campaña de desprestigio institucional que, afortunadamente, no ha tenido éxito. Hay intereses en juego procedentes de Madrid», afirmó el presidente.
Además, alegó un sesgo histórico en el fútbol español, afirmando: «Siempre he sentido que tenemos que ser muy superiores, porque los árbitros no nos favorecen. Aquí, parece que siempre ayudan al Madrid. Tienen “barcelonitis”, es obvio».