En general, el Barcelona, bajo la dirección de Hansi Flick, aplicó una estrategia de presión alta organizada, lo que le otorgó un claro dominio del juego, con un porcentaje de posesión del 67 % frente al 33 % del Atlético de Madrid.
Este dominio se tradujo en una gran eficacia ofensiva, con 22 disparos, 8 de ellos a puerta, mientras que los locales se limitaron a 6 disparos (solo 2 entre el larguero y los postes).
Por su parte, el Atlético, a las órdenes de Diego Simeone, apostó por un bloque defensivo muy compacto, basándose en los contraataques rápidos, sobre todo ante la inferioridad numérica.