El Barcelona, fiel a la filosofía de Johan Cruyff, ha formado en La Masia a jugadores técnicos y con gran comprensión del juego. Siempre ha dado oportunidades a los jóvenes, y eso forma parte de su identidad y de su vínculo con Cataluña.
Incluso para sus altos estándares, Lamine Yamal es especial: un talento ofensivo al estilo de Lionel Messi que, con 18 años, ya hace historia en La Liga y en la Champions. Está claro que el extremo brillará en una plantilla blaugrana llena de canteranos.
Sin embargo, crece la sospecha de que este Barça se cree su propio bombo publicitario y por eso monta berrinches tras derrotas decepcionantes. No parece haberles pasado por la cabeza que quizá aún no sean lo suficientemente buenos para ganar la Champions.
Recordemos que, antes de enfrentarse al PSG en la fase de grupos, el Barça se autoproclamó mejor equipo de Europa; los campeones de la pasada edición les devolvieron a la realidad.
La calidad del equipo de Flick es incuestionable, pues están cerca de su segundo título español consecutivo; sin embargo, preocupan su mentalidad y la falta de autorreflexión tras las expulsiones, como la de Cubarsi contra el Atlético, ya la quinta en dos temporadas.
Siempre buscan culpables externos en vez de analizar sus propias carencias y entender por qué fallan en la Champions (la línea defensiva excesivamente alta de Flick es, sin duda, un factor).
Aun así, el martes en el Metropolitano tienen una oportunidad de oro para callar críticas. Remontar el 2-0 al Atlético sería legendario y están convencidos de lograrlo. Tras el 4-1 al Espanyol, Ferran Torres prometió la«remontada».
Ahora deben callar o demostrar su valor. Sus promesas suelen acabar en lágrimas, y la paciencia de los puristas se agota. Todos quieren ver a Yamal y compañía imponer su ley en Madrid, no leer otro comunicado de los abogados.