Tras perder los estribos en la final de Copa ante el FC Barcelona (2-3 en prórroga), insultar al árbitro y lanzarle un rollo de esparadrapo, Rüdiger escuchó un aviso claro de Nagelsmann y del director deportivo de la DFB, Rudi Völler.
«Se ha llegado al límite. No debe permitirse más, de lo contrario habrá consecuencias más graves», afirmó Nagelsmann. «Esto no puede ser. Y menos aún siendo internacional alemán», subrayó Völler: «Toni es un gran jugador, pero como internacional también debe demostrar su clase en su comportamiento. Exige respeto para sí mismo con razón, pero también debe mostrar ese respeto a los demás sin excepción».
En los meses siguientes, Rüdiger mostró comprensión y hasta arrepentimiento. «Esta discusión me recuerda que a veces no asumí mi responsabilidad. Me tomo en serio las críticas objetivas, porque sé que he pasado de la raya. No quiero ser un foco de tensión, sino aportar estabilidad y seguridad», declaró en marzo al diario FAZ.