Letexier explicó que no podía expulsar a un jugador solo por su palabra, sin pruebas, pero activó el protocolo antidiscriminación de la UEFA para «formalizar» el momento. Así, el locutor del estadio informó al público y los equipos entendieron la gravedad.
«Si un jugador me dice que sufrió insultos racistas que yo no vi, debo escucharlo, pero no puedo sancionar solo por su palabra», añadió Letexier. «Debo dejar claro que, al no ver ni oír el incidente, no puedo imponer una sanción, y así gestioné la situación».