Para Mbappé, pasar de ser un prodigio adolescente en el Mónaco a un fenómeno comercial mundial fue tan rápido como uno de sus sprints. Lleva una vida en la que ni siquiera puede comprar una baguette sin causar revuelo, y ha debido adaptarse a un mundo donde cada movimiento lo coreografían su equipo de seguridad y sus asesores.
A pesar de la intensa presión y de la sensación de no pertenecerse, el delantero del Real Madrid mantiene los pies en la tierra.
«Intentaré ser positivo», declaró aVanity Fair. «Está bien. Es difícil, porque sientes que ya no te perteneces, que perteneces a todos. Pero, al mismo tiempo, es una vida que elegimos».
“Quizá no hasta este punto, pero la elegimos. Nos comprometimos. Y es difícil ver lo malo cuando millones expresan su gratitud, su admiración y su amor. Quejarse me parece un poco ingrato”.