Hansi Flick celebró la llegada de Alonso al Real Madrid el pasado verano, aunque intuía que podría ser malo para el Barcelona. Ya, como seleccionador alemán, había hablado con el exentrenador del Bayer Leverkusen y le impresionó su filosofía de juego.
Su llegada sugería un cambio de estilo en el Bernabéu que se esperaba desde hacía tiempo: José Ángel Sánchez había convencido a Pérez para apostar por un juego más moderno y colectivo.
Sin embargo, el presidente nunca se comprometió del todo, ni siquiera tras el alentador inicio de temporada del equipo, coronado con un 2-1 en el primer Clásico que dio al Madrid una ventaja de cinco puntos sobre el Barça.
Pero cuando los resultados empeoraron, Pérez tuvo que elegir entre respaldar al técnico exigente o calmar a unas superestrellas lideradas por Vinicius Jr., y optó por lo segundo, dejando a Alonso tras solo seis meses.
Mientras la imagen de Alonso sale airosa del caos madridista, la de Pérez queda muy dañada. Desesperado, el presidente ha vuelto a llamar a Mourinho, igual que en 2010.
El Barça, que ganó dos ligas seguidas con Flick y un grupo joven y unido, respeta a Mourinho —autor de una Copa del Rey y una Liga en su anterior etapa—, pero no teme su regreso.
Así que es probable que la cantera del Barça vuelva a superar a los mercenarios del Madrid la próxima temporada.