El primer punto fuerte de Hamza es su inteligencia de juego: no se queda en el área, sino que ataca espacios, se conecta con las bandas y remata con calma, como mostró ante Las Palmas. Estas cualidades le han permitido adaptarse al estilo del Barcelona, basado en el pase rápido y el movimiento sin balón.
Su segundo punto fuerte es su carácter: fichó por el Barcelona a los 18 años, tramitó su residencia y afrontó la presión mediática como «primer egipcio del club», Su pronta vuelta para resolverlos muestra una madurez poco común. Además, Flick solo sube al primer equipo a quienes muestran compromiso táctico, y Hamza lo demostró.
Su principal debilidad es táctica: tiene poca experiencia en Primera División, sus minutos con el Al Ahly fueron esporádicos y la etiqueta de «nuevo Salah» puede presionarlo si no se gestionan bien los medios.
El mayor riesgo no es técnico, sino temporal: si debutara como titular en el Mundial demasiado pronto y recibiera críticas, podría quemarse. Por eso, los cuerpos técnicos de Egipto y Barcelona deben proteger su proceso de crecimiento, no explotarlo.