El regreso de José Mourinho al Real Madrid tras 13 años no fue soñador ni placentero, sino realista y feo, tal y como le gusta al portugués. Una victoria complicada por 2-1 ante el Espanyol en el estreno de La Liga, pero un triunfo que revela mucho sobre los rasgos del nuevo Madrid: un equipo físicamente imponente con nombres como Denzel Dumfries, Dean Huijsen, Ibrahima Konaté y Jude Bellingham.
Mourinho aplicó una ley constante en el fútbol: cuando quieres ganar, busca al hombre alto, y eso fue lo que hizo con la entrada de Carlos Espí, llegado este verano por 25 millones de euros, con sus 193 cm de estatura, a 11 minutos del final, para arrebatar el gol de la victoria.
El gol no fue un simple cabezazo, sino que mostró un pie ágil y un gran equilibrio, confirmando que el fichaje de Espí, pese a ser el menos talentoso en lo ofensivo, podría ser el más importante porque le da al equipo lo que nadie posee: el tamaño.
Y pese a la victoria, el Madrid se vio talentoso pero carente de compenetración, algo natural para un equipo que no ha entrenado junto durante mucho tiempo. La defensa en el gol de Álex Calatrava fue mala de una manera que sin duda enfurecerá a Mourinho, y Vinicius y Mbappé aparecieron y desaparecieron, tal y como es su naturaleza, como bien sabe Mourinho.
Además, el dúo de Bernardo Silva y Valverde no puede cumplir el verdadero rol de Tchouaméni, por lo que quedan las grandes preguntas: ¿cómo se compenetrará Diomandé con el tridente ofensivo? ¿Y cuál es el lugar de Arda Güler?