FBL-WC-2022-MATCH28-ESP-GER
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Todas las miradas se dirigen al enfrentamiento entre el Barcelona y el Paris Saint-Germain, esta noche del martes, en el estadio Parque de los Príncipes de la capital francesa, París, dentro de la tercera jornada de la fase de liga de la Liga de Campeones de Europa, en un duelo esperado que somete los estilos de ambos equipos a una minuciosa prueba táctica.
Y el enfrentamiento no parece, según la lectura de Lobo Carrasco, exjugador del Barcelona, en el diario Mundo Deportivo, decidirse por la superioridad individual únicamente, sino por lo que aporte cada equipo en la presión, la organización y la gestión de los detalles.
Carrasco considera que la forma en la que Luis Enrique atrae al rival para luego empujarlo a enfrentarse a la presión alta será una de las claves más destacadas del encuentro.
La puerta de la presión alta
Carrasco considera que el estilo de Luis Enrique comienza con el intento de atraer al rival hacia zonas en las que se puede presionar, antes de convertir ese reclamo en una presión alta que busca desordenar la construcción y obligar al adversario a tomar decisiones precipitadas.
El valor de la idea no reside solo en la presión, sino en su momento y en la coordinación de los roles de los jugadores durante su ejecución, señalando que el éxito del plan exige al Paris Saint-Germain mantener su organización después de empujar al Barcelona a adelantarse, y no dejar los espacios que puedan convertirse en una salida rápida para el rival.
Por ello, según Carrasco, la presión en su lectura no es solo un arranque colectivo, sino un sistema que depende de la cercanía de las líneas y de la precisión del movimiento entre ellas.
En cuanto al mayor peligro, según su análisis, aparece al ejecutar este plan fuera de sus zonas; pues cualquier retraso en la presión o un fallo en la cobertura podría conceder al Barcelona espacio para avanzar, mientras que el entusiasmo ofensivo podría transformarse en una exposición difícil de remediar. De ahí que Carrasco vincule la audacia de la idea con la necesidad de controlarla.
La batalla del centro del campo
Según la lectura de Carrasco, la presión no será efectiva mientras no la sostenga una organización clara en el centro del campo; porque aislar las líneas o dejar distancias entre ellas da al rival la oportunidad de superar el primer intento.
Considera que el equilibrio entre adelantarse para presionar y conservar la cohesión será un factor decisivo para impedir que el partido se convierta en un intercambio abierto de ataques.
El análisis plantea una pugna directa entre Vitinha y Fabián Ruiz por un lado, y Rodri y Pedri por otro.
Carrasco considera que esta pugna no tiene que ver solo con la posesión, sino con la capacidad de marcar el ritmo del juego, ofrecer apoyo bajo presión y abrir o cerrar los espacios en el momento adecuado.
Carrasco otorga a João Neves un papel importante en este equilibrio, pues vincula su influencia a su capacidad de apoyar la presión y mantener la cohesión del centro del campo cuando cambian las posiciones de los jugadores.
Según su análisis, el éxito de este papel podría ayudar a su equipo a recuperar el balón en zonas adelantadas, o al menos limitar la capacidad del Barcelona de salir de forma organizada.
Roles que van más allá de marcar
Carrasco considera que los roles de Dembélé, Doué y Kvaratskhelia estarán ligados a su capacidad de aprovechar los espacios que crea la presión, y no a la mera espera del balón en las zonas ofensivas; pues sus movimientos pueden arrastrar a los defensas de sus posiciones, o dar al equipo una opción adicional cuando el rival cierra el centro.
Carrasco trata a Dembélé, Doué y Kvaratskhelia como elementos capaces de cambiar la forma del ataque mediante el movimiento continuo y la variación de los ángulos de juego, si bien la eficacia de estos roles, en su opinión, seguirá ligada a la capacidad del centro del campo de hacerles llegar el balón sin que el equipo pierda su equilibrio en la transición.
En cuanto a Ferran Torres, Carrasco lo sitúa entre los elementos que pueden beneficiarse del caos resultante de la presión o de los espacios que aparecen detrás de las líneas, y considera que su importancia no se mide solo por la finalización del ataque, sino por el grado de sintonía de sus movimientos con el resto de los elementos y por su capacidad de mantener en tensión la defensa del rival.
Después del pitido final
Carrasco no separa el aspecto táctico del factor psicológico, pues considera que el resultado del enfrentamiento podría influir en la confianza de ambos equipos en la forma que eligieron para gestionar el encuentro.
El éxito en la presión o en salir de ella podría dar a su protagonista un impulso adicional, mientras que un fracaso temprano podría multiplicar las dudas sobre la capacidad del equipo de ceñirse a su plan.
Según su análisis, el Barcelona podría beneficiarse psicológicamente si logra superar la presión alta y mantener la calma, mientras que el Paris Saint-Germain podría encontrar en la ejecución exitosa de su idea una confirmación de la utilidad del reclamo y la organización incluso bajo la presión de jugar fuera de casa. Carrasco no presenta ninguna de las dos posibilidades como una verdad previa, sino que las vincula a lo que impongan los detalles del partido.
Y en el resumen de su lectura, Carrasco sitúa el enfrentamiento en el marco de una prueba de los pequeños detalles: el momento de la presión, la solidez de la organización, la gestión de la pugna del centro del campo y el aprovechamiento de los roles de los elementos ofensivos.
Desde esta perspectiva, el resultado quizá no determine la identidad del mejor equipo sobre el papel, pero podría dejar una huella clara en la confianza del Barcelona y del Paris Saint-Germain en las soluciones que cada uno posee.
Carrasco concluyó su análisis subrayando que el enfrentamiento representa una gran prueba para las estrellas de ambos equipos, encabezadas por Cubarsí, Pedri, Raphinha y Lamine Yamal, en una noche que exige una presencia fuerte y capacidad para asumir la responsabilidad.
Asimismo, describió al Paris Saint-Germain como un sistema ofensivo feroz que Luis Enrique logró construir manteniendo las capacidades individuales de sus estrellas, considerando que el encuentro podría constituir un ensayo de una posible final entre ambos equipos.