Las discusiones previas al partido estaban “llenas de conversación, camaradería y anécdotas”. Sin embargo, no todo era diversión y juegos, ya que tácticamente “todo estaba controlado hasta el milímetro”. Mourinho era consciente de que el Real buscaría “construir ataques rápidamente”, siendo importante contener esa amenaza. Kylian Mbappé pudo marcar dos goles esa noche.
El Benfica también identificó como una debilidad “la reacción del Real Madrid al perder la posesión”. Mourinho desafió a sus jugadores a recuperar el balón en lo más alto del campo, en la mitad del oponente - así “forzando al Real Madrid a cometer errores”. No había “necesidad de reinventar la rueda”, ya que se hizo un esquema táctico lo más simple posible.
El Benfica también cubrió más terreno que el Madrid, por unos 10 kilómetros, ya que superaron y trabajaron más que sus rivales. Se dice que la victoria mostró que Mourinho no ha perdido nada de su “hambre de ganar”, con celebraciones desenfrenadas cuando Trubin marcó, disculpándose más tarde con el banquillo del Real.