En un rincón tranquilo del mercado de fichajes, donde los acuerdos se cierran lejos de los focos, ha surgido un nuevo nombre en los pasillos del Manchester United. No es una estrella consagrada ni acapara portadas, pero posee algo distinto: una calidad que hace inevitables las grandes comparaciones.
Entre informes confidenciales y miradas de ojeadores surge el fantasma del «nuevo Kevin De Bruyne», una idea que se cuela en la realidad. Un joven con toque sereno y visión aguda, capaz de cambiar el partido con un pase, como si el tiempo se ralentizara a sus pies.
En Old Trafford, donde el club busca recuperar su identidad, el fichaje podría ser más que un refuerzo: una nueva mente en el centro del campo capaz de ver lo invisible.
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