En un artículo de opinión publicado por el diario español «AS» bajo el título «Homenaje a Negreira», el periodista Tomás Roncero critica con dureza al sistema arbitral español, al que acusa de mantener una «injusticia histórica» contra el Real Madrid y de prolongar «el legado de Negreira» tras el último partido contra el Girona.
El artículo afirmaba:
«La desesperanza se coló en los madridistas tras la derrota en Mallorca, que pareció llevarles el título de La Liga».
La victoria ante el Girona en el Bernabéu mantenía viva la lucha por La Liga, a la espera de un tropiezo del Barcelona en el derbi ante el Espanyol.
El equipo arbitral pareció rendir homenaje a José María Enríquez Negreira, cuyas decisiones han perjudicado al Real Madrid durante años, tanto en el campo como desde su cargo de vicepresidente de la Comisión de Árbitros, cobrando millones del club catalán.
En cualquier liga que respete las normas, el Barcelona habría descendido y perdido títulos, como la Juventus; pero aquí el “legado” sigue vivo.
En el minuto 88 contra el Girona se superó el límite del error humano: el penalti a Mbappé era tan evidente que hasta un niño lo veía.
Podríamos entender que Alberola no viera el golpe de Vítor Reis, pero ¿qué pasó con Daniel Jesús Troguello Suárez, frente a las pantallas del VAR en Las Rozas?
Trujillo vio a Mbappé sangrar, vio la patada con frialdad y decidió no hacer nada. No fue un error, sino una omisión deliberada. Ni los detractores del Madrid hallaron explicación y los teléfonos se inundaron de mensajes de incredulidad.
No extraña que este árbitro, nacido en Tenerife —ciudad donde el Madrid perdió dos títulos en los noventa en circunstancias sospechosas— se cruce en el camino del Real Madrid: el año pasado nos privó de tres penaltis en Pamplona, y hoy terminó la faena.
Entre la omisión de la expulsión de «Gerard Martin» en el derbi madrileño y el silencio de hoy ante las masacres arbitrales, podemos afirmar con amargura: han echado a perder la liga. El «Clásico» de mayo ya no vale nada, pues el campeonato se decidió en oficinas y salas oscuras antes que en el campo.