Mourinho anunció un equipo más hambriento de victorias, pero la realidad es que el equipo termina replegado en su zona dentro de un bloque defensivo bajo, un estilo que el propio Mourinho reconoció en Valdebebas que le molesta, y depende del repliegue para vivir de los contraataques, incluso en el Bernabéu, donde acabó esperando el pitido final ante el Inter de Milán en la Champions League, después de ganar gracias a los graves errores de los italianos y a las paradas milagrosas de Thibaut Courtois.
Este Real Madrid de Mourinho ni siquiera defiende bien, pese a la insistencia del técnico portugués en el trabajo táctico defensivo y en el compromiso de sus jugadores ofensivos con la presión. La realidad es incontestable. El Espanyol, la Real Sociedad, el Real Betis, el Inter de Milán, el Rayo Vallecano y el Elche han marcado en su portería, y solo mantuvo su portería a cero ante el Málaga. Todos los equipos generan ocasiones ante él, y en cada partido, Courtois realiza paradas decisivas.
Su relación con las estrellas no llega al trato fraternal con el que Ancelotti trataba a sus jugadores, pero al mismo tiempo está muy lejos de las exigencias naturales que terminaron con la destitución de Xabi Alonso.
Mourinho llegó incluso a celebrar los cortes de balón de Vinicius como si fueran goles, diciendo: «A quien lo da todo, no se le puede pedir más».
Lo cierto es que el brasileño es el segundo jugador del equipo con más minutos disputados, con un total de 511 minutos, pese a que solo ha marcado un gol en 6 partidos; el primero es Kylian Mbappé, que parece más ocupado con el Balón de Oro y con ajustar cuentas en la sala de prensa.
Sobre Kylian, al que la afición del Santiago Bernabéu también señala como una de las causas de que el Real Madrid no haya ganado ningún título en los dos últimos años, Mourinho dijo: «Un jugador que marca 40 goles no puede ser un problema».